Crónica sobre una prostituta
¿Qué calla Lucía?
El tiempo se había pasado volando, y mi labor académico-periodística, se convirtió de a poco en una tarde amena. La puta me había dedicado tiempo y lo mejor de todo, no tuve que pagarle un solo dólar. Parecíamos los amigos que empiezan a conocerse y nada más.
Por Viko Valdiviezo Morán
La noche tenía calor, alegría y rumba; la noche respiraba el caribe y la belleza del mar. Era una noche en Cartagena y transcurría el año 2005.
Su corazón palpitaba casi al ritmo de los tambores de la calle y su lucidez, opacaba hasta el más hermoso centro colonial de la ciud
ad colombiana. La morena de ojos claros era contemplada por todos, simplemente era una joven espectacular. El tipo que la había embrutecido desde el primer momento, le susurraba al oído inspirado por la misma pasión que “Lucía Calero” despertaba en cualquier mortal. Una pasión que conjugaba perfecto con la música suave y los tragos caros que el bar de turno les ofrecía.
Habían dado casi las doce de la noche. Mientras el tipo habría la puerta, ella descendía lentamente del vehículo; se encontraba al exterior de un hotel al que con cierto temor, se atrevió a entrar. Es el lugar más lujoso donde he estado, dice ella, al tiempo que su rostro muestra rencor y una sonrisa irónica, como si los malos recuerdos de aquella noche, se tragaran de inmediato la elegancia que pudo tener el casino-hotel donde había ido a parar. Enseguida lo inevitable, lo obvio, lo que tenía que pasar a menos que una pareja vaya a esos lugares a ver Discovery Chanel para aprovechar el cable. Ella entregó su amor e intimidad como nunca lo había hecho y lo besó hasta la fatiga. Cuando la noche había consumido la pasión de ambos, sin más ni menos, el tipo se levantó, se puso los pantalones, camisa, zapatos, se amarró la corbata y de su saco negro extrajo la chequera.
- Te pagaré 200 mil pesos, ¿está bien?, tenés suerte que soy un cliente muy bondadoso.
Lucía permaneció quieta, absorta de incertidumbre. El paisa, con un adiós de lo más simple se retiró de la habitación. Ella lloró, no recuerda cuánto.
Quizá la morena vio en esa noche una oportunidad, una respuesta a la necesidad, pero ni ella misma lo sabe. Lo único de lo que está segura, es que aquel hombre de quien se enamoró en escasas horas, le había cambiado la vida, se la había destrozado…
Una mañana a inicios de los noventas, en Cali, todos los periódicos mostraban una portada sangrienta, “José Calero” fue encontrado muerto, nunca se esclareció el motivo, pero según dicen, estaba involucrado con el narcotráfico y eso daba por lo menos una pista. Calero dejaba a su esposa e hija, una niña de cinco años llamada Lucía. Su esposa que lamentaba la inesperada muerte, lamentaba también que su hija no tendría que comer y si bien pidió ayuda donde pudo, todos cerraban la puerta a la mujer del narco asesinado.
Muy pronto la niña iría a la escuela y su madre empezó a trabajar más que nunca, de mañana vendía carne en un mercado y de tarde lavaba ropa. Estudió en una escuela de clase media y se esforzaba por ser la mejor. Lucía, poco a poco entendería la situación, no había nacido en cuna de oro y también tenía que darle duro al trabajo; a pesar de que acompañaba a su madre a laborar, cuando llegó la secundaria decidió trabajar por su cuenta y lo hizo en la librería de su tía, sacaba copias, hacía los tipeos, “mi tía era muy estricta”.
La situación estaba dura, difícil y preocupante. Una vez egresada del colegio Santa Teresa de Jesús, quiso acceder a la universidad, pero la demanda de dinero era mayor a la académica y no pudo, a los 19, una amiga caleña la llevó a Cartagena, el objetivo de ambas era trabajar, o si era posible, conseguirse un novio con plata que las saque de la miseria en que vivían, pero su amiga tuvo que regresar casi de inmediato y Lucía, conoció a un elegante tipo medellinense (“paisa”) que estaba en la ciudad por negocios, ella pensó que
su oportunidad había llegado, sin embargo, se encontró con el hombre que cambió el rumbo de su destino.
Es julio 2008, en Loja. Lucía permanece apoyada en el marco de la puerta de su habitación, la siete. No vende caramelos, frutas, ni mucho menos, se vende así misma, por placer o necesidad, da igual, en el “hueco” como ella le llama, de nada sirven los reclamos ni las quejas, aquel mundo con olor a sexo sin amor, puede ser ficticio, inventado, son los clientes y las prostitutas quienes lo construyen. El soltero que quiere convertir sus fantasías eróticas en realidad, las puede hacer. El casado que tiene a una curuchupe de mujer, puede practicar el sadomasoquismo que siempre soñaba mientras veía películas porno. Casi nada está prohibido aquí, siempre y cuando hembra y macho lo consientan: él, soltando el billete y ella, la herramienta.
Llegó hace apenas un mes al “Enigma”, un prostíbulo medio aniñado, pero yo la encontré en “El Imperio”, donde está la acción, donde están los duros, donde están los que suben en un taxi-ruta que sale desde la diez de agosto por un dólar cuando un taxi normalito cobraría tres (no quiero imaginar subir a un colectivo con cuatro desconocidos desesperados). La llamada Zona de Tolerancia está lejos, donde difícil te puedan encontrar, y si alguien te reconoce, lo saludas y al día siguiente nadie vio nada, así funciona. Lucía antes estuvo en Quito y por supuesto sus inicios en la industria del sexo fueron en Cartagena, el deseo de venganza conjugado a la necesidad la inspiró. Viste de rojo, escotada, sensual y es probablemente la más solicitada. Un joven se acerca, negocia el precio y ella explica qué incluye el servicio, recibe el billete y lo hace pasar a la habitación que ocupa y donde se queda a dormir cuando no le da el tiempo de regresar al hotel.
Lucía es la estrella de esta historia y de aquella tarde de julio, casi dan las cinco y se prepara para salir a ofrecer el show vespertino y gratuito que todos esperan, un show con el que muchos se tienen que contentar al no tener más de cinco dólares en su mutilado bolsillo. Luces, espejos y el infaltable tubo, la música empieza a sonar y me pareció extraño que la canción elegida fuera hotel California, pero bueno, el strip-tease tiene que continuar, la morena, demuestra sus dotes de mujer sensual y atractiva, acaricia el tubo que llega hasta el techo, se desliza sobre él, lo vuelve a acariciar y la rutina está por terminar cuando se queda totalmente desnuda. Se escucha por ahí un “quisiera ser el tubo mamita”, pero nada importante, es el deseo de cualquiera. Los hombres deliran, se excitan, silban y maúllan, yo también soy hombre, pero mi objetivo no era buscar placer, lo mío era observar, analizar.
Algunas de mis preguntas le causan risa, otras no quiere contestar, pero tan solo sus expresiones me bastan y responden involuntariamente.
- ¿Qué hubieras hecho de tu vida si no te encontrabas con ese tipo?
- Mmm… no tenía plata así que hubiera trabajado, pero yo quería estudiar administración.
- ¿No crees que estás a tiempo? Puedes empezar por administrar tu vida primero, de ahí lo demás…
- A tí te parece fácil, seguro eres un gomelo más y…
- No creas, también he pasado muchas cosas.
- Pero no puedes compararlas con las mías, no has vivido lo que yo viví.
- …
- Y además ya no me siento mal con mi trabajo, es un trabajo como el tuyo.
- Pero eres joven y puedes conseguir nuevas oportunidades. Tu madre ¿sabe lo que haces?
- Sí y le envío dinero para que pueda sobrevivir.
- ¡Ah! ¿Y tu enamorado?
- No mi amor, no tengo tiempo para eso. (Me responde con su adorable acento)
No le molesta la palabra puta, pero en todo caso prefiere prostituta, lo que sí le molestan, dice, son los viejos que se creen muy machos frente a sus amigos pero que a la hora de la verdad no hacen nada. El sida y las enfermedades de trasmisión sexual no le preocupan tanto como a mí, se cuida muy bien de eso, además le hacen chequeos médicos, cosa que me impresionó ya que al ver el baño parece que a nadie le preocupa la salud allí, puesto que es un descuido total.
Es domingo, y como casi todo el mundo en Loja, Lucía no trabaja. Se encuentra sentada junto a mí y un amigo que me acompañó desde el inicio, nos reímos, mientras sobre la mesa posa la grabadora que tanto le incomoda, pero aquello no es más que una amena conversación, un hecho que había pasado de un trabajo géneros periodísticos a un espacio de relax, de conocer a alguien que necesita quien la escuche, alguien a quien le gusta la canción “Infieles” de Aventura y que no pudo ir al concierto porque tenía que trabajar, alguien que se pasa los días dando satisfacción a desconocidos y no puede proporcionársela a si misma. Nos encontramos en la Terminal terrestre, la despedida se vuelve triste y saber que existen personas que llevan la vida más trágica que la de uno, me pone al borde de la desesperación, estoy consciente de lo poco que puedo hacer, pero su sonrisa me repara. Lucía regresa a Quito y luego a Cali, regresa con su madre, tardará largas horas sentada en un bus pues ésta temporada no sacó dinero suficiente para el boleto de avión, pero lo importante es que estará con ella. 18h30 estamos en el andén, nuestra morena de ojos claros ya tiene que subir al viajeros pero promete volver.
Lucía no solamente sube a un bus, sino, a un nuevo destino, incierto pero que al fin y al cabo tendrá que enfrentar. Le gustaría tener su propia familia, es decir, varios hijos y un esposo que la ame, que se acueste con ella sin dinero a cambio, que la consienta y sobre todo, que le ayude a olvidar toda una puta vida, no la del oficio, sino la que siente que ha atormenta su corazón desde siempre, la que ha hecho con ella, lo que quiso.
Julio 22, 2008 a 9:13 am
Muy buena la historia, o mejor dicho la redactaste de la mejor manera, escribir bien no es de todos, siguelo haciendo pana es una de las mejores…
Felicitaciones..
http://landuli.blogspot.com
Julio 29, 2008 a 1:02 pm
Buena historia underground!!!!
Agosto 4, 2008 a 9:41 am
Vikeins… donde te andas metiendo???? jejeje
Muy chévere historia viejo, la vida de estás personas es complicada e ignorada por muchos de nosotros y está es una buena forma de dárnosla a conocer.
Saludos viejo!!!
Agosto 16, 2008 a 9:39 am
Vico:
Muy bien, felicito tu labor. La construcción del relato, que más allá de la tarea de géneros deja ver la capacidad de narrar y construir una crónica, el manejo del tiempo y la introducción de ciertas frases con una sutil ironía, como puntos de descanso e inflexión, permiten ganar amenidad en el texto. Al interior de la historia se ve el recatar la dignidad de la persona, verla en su dimensión integral. Veo también al relator siendo parte para aportar… Bien Vico, habría mucho que decir desde lo académico, para bien; adelante hay un buen comunicador en formación y un escritor en ciernes.
Septiembre 24, 2008 a 6:14 pm
ei q mAl pñOr eStA
Noviembre 22, 2008 a 6:53 pm
hola como esta me llamo yenifer
Noviembre 26, 2008 a 4:17 pm
busco ninfomana en el valle del cauca , para formar un hogar
Noviembre 26, 2008 a 4:20 pm
moltoben@latinmail.com el que busca ninfomana
Febrero 12, 2009 a 8:23 pm
[...] otra parte y tratando de evitar este tipo de crónicas, el Foro Provincial de la Mujer, Capítulo Loja, inicia mañana 13 de febrero las celebraciones por [...]
Agosto 17, 2009 a 7:10 pm
tremenda historia mi pana….. lo que mas me intereso fue la capacidad que tienen algunas personas para aceptar lo que para otras es insoportable, esta chica ama su vida y sabe bien en que territorio se encuentra,,,, bien por tu relato y sigue asi